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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004.
04/10/2004
De una foto suya hice un póster que he colgado en mi habitación; el teléfono móvil está animado por un video suyo. En el ordenador ocupa el lugar privilegiado del escritorio. Y no es un clásico de Shakespeare.
Poco a poco se ha convertido en una especie de ídolo, de Dios menor. Resulta sorprendente que mi vida haya girado en torno a un gato.
Un minuto para la reflexión.
06/10/2004
 Me gustan las mujeres peligrosas, cuanto más peligrosas mejor. Vestirme de colores intensos. Llevar la iniciativa y que sean ellas las que caigan en la trampa. Las que supliquen quedarse en esa placentera trampa. Me atrae el misterio, pero no creo en los cuentos con final feliz, porque las perdices tienen más hueso que carne. No me gustan los sueños, ni engañarme con fantasías, ni depender de una mujer.
Por vestirme de depredador, por combinar colores, por no seguir los senderos comunes que todos siguen me he ganado un montón de etiquetas. Y todas, absolutamente todas las etiquetas, son injustas. Las buenas también.
10/10/2004
 En la calle, un niño de unos siete años,
- Mamá me tienes que comprar el Siemens CF62, porque Juan lo tiene desde el mes pasado. Y se ríe de mí. A Borja se lo comprarán mañana. A ti te da igual que mis compañeros se rían de mí....
La madre, accede, diciéndole que sí, que se encargará más tarde de mirarlo.
Entro en una tienda con la esperanza de encontrar unos calcetines de aquellos gordos como los que hacía la abuela. En el mostrador, una señora de mediana edad, intenta convencer al, imagino nieto, que la única diferencia entre aquellos vaqueros es que uno se llama Levi’s y su precio es de 75 €, y el otro Lobi’s y cuesta una tercera parte, ante la compasiva mirada de la dependienta, una rubia con una sonrisa de cine. El niño afirma el parentesco con la señora,
- Abuela, que los que quiero son éstos.
No se hable más. Lo ha dejado bien claro.
Con los calcetines metidos en una bolsa ecológica, que no sé si por serlo, no aguanta casi el peso de la prenda, me dirijo a casa no sin antes pasar por la asesoría, en la que he de firmar un contrato basura.
- Le atendemos en un momentito. Por favor, pase a la sala de espera. Me siento en un cómodo sofá. Sólo estoy yo. Enfrente una auxiliar administrativa atiende a un señor y a su hija. Él se esfuerza por explicarle a la profesional un tema, deduzco delicado, en torno a su economía, mientras que la niña reclama la atención inmediata, para en un momento dado decirle,
- Mira que eres idiota papá-, con la consiguiente risa del progenitor y de la administrativa.
En la educación, como en una buena cena, tenemos dos opciones, conseguir los ingredientes más apropiados, prepararlos, cocinarlos y servirnos; ó bajar al restaurante más próximo y que nos la den ya servida.
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