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Parada justificada

Parada justificada Camino de Orense volaba el hechicero.

- Vuela, vuela, hechicero, en tu escoba-, le cantaba un ruiseñor.

Mas en mitad del trayecto la escoba se detuvo.

-Por Belcebú, como osas detenerte-, exclamó el brujo.

-Yo no me detengo, es tu corazón el que lo hace-, dijo la aludida.

Gruñó a diestras y siniestras, maldijo a enanos y duendes. Gritó como perro rabioso. Pero sólo cuando miró a su alrededor, la escoba reanudó el camino. ¿Qué vio os preguntaréis?.

Una doncella arrodillada ante un rosal. Tenía espinas y una bella flor.
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1 comentario

Anónimo -

si comparamos a una rosa y a una mujer podemos percibir que ambas tienen las mismas cualidades...son bellas, hermosas, inspiran ternura, romanticismo, pero al igual vienen con espinas gruesas y finas, esas son las armas para protejerse del que la quiere arrancar al ver su hermosura, del que usa la fuerza...y hasta la mas buena y bella mujer puede hacer daño sin querer por defenderse de quien ni la pena merece su CORAZON.. ...
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