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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2004.
03/07/2004
Era tarde cuando Patricia entró en su casa. Dejó la botella de vino que había traído de la bodega sobre la mesa de la cocina. Se dirigió a la nevera y sacudió la cabeza en un gesto de desaprobación. Terminó por tomar un pequeño trozo de queso. Cogió una copa y descorchó la botella. El vino, hecho con uva moscatel de Alejandría, era dulce, pero ella lo encontró amargo.
No podía más. Había sido un día ajetreado en el negocio. Se dirigió a la habitación. Se desnudó y, tras ponerse una camisa amplia, se sentó en la coqueta, delante del espejo.
- Idiota-, repitió de nuevo tras cerrar los ojos por un instante.
Se levantó y se dirigió a la mesilla de noche. Acarició el teléfono. Lo dejó. Se sentó en la cama. Volvió a rozarlo con su mano. Y marcó los nueve números que le acercarían de nuevo a él.
- Hola - Así que gay. - Patricia, yo....-, pero ella no le dejó terminar. - Me pregunto cómo sería si un día te dejases llevar. - Me dejo llevar-, pensó él, pero no lo dijo. Su tono se volvió indiferente y frío. - Eres hermosa... - Eso dice mi abuela. - Eres hermosa y tienes montones de alternativas si lo que buscas es pasarlo bien una noche.
La ira brotó en el corazón de Patricia. Le quemaba las entrañas. Le quemaba la garganta. Y esperó a calmarse. Hubo un silencio.
- ¿Te has callado? - En tu opinión soy una mujer fácil, una puta, porque tomé la iniciativa y pienso en el sexo igual que hacéis la mayoría de los hombres. - Paso a recogerte en diez minutos y nos vamos a un hotel. Quiero comprobar cómo sabes.
Patricia se rió y echó la cabeza hacia atrás. - Así que estás sopesando mi capacidad de reacción . - Eres una mujer hermosa y me tienes loco, pero si hasta ahora he conseguido mantener las distancias, seguiré haciéndolo. No puedo ofrecerte nada. O, ¿estás dispuesta a compartirme?. - Así que te excito, pero quieres olvidarme. - Patricia, buenas noches, te quiero. - Te quiero - No vayas a llorar - No lo voy a hacer
Y colgó el teléfono. Una lágrima recorrió su mejilla. Acurrucada en su cama se quedó dormida.
07/07/2004
 Siéntate. ¿Estás?. Olvídate de las prisas; de mañana; de hoy; de ayer; de tus amigos; de tu familia; de las deudas; de las rebajas. Olvídate de la adquisición de cosas; de la zancadilla al que ves como contrario; del servilismo; de sueños imposibles. Olvídate de mí; de que estoy aquí. Olvídate del tiempo.
- Bienvenido a la soledad y al silencio. Escucha lo que tu interior tiene que decirte; aquello que nunca le dejas. Porque no tienes tiempo. Porque no tienes ganas. Porque no es el momento. Porque no es lo correcto. Porque te sorprenderías a ti mismo.
Viaja por tu interior. No tengas miedo. Pasea Piensa Sé crítico
09/07/2004
 Tenía hambre. Estaba solo. Paseé por las calles de la ciudad. Miré algunos escaparates que encontré a mi paso. Saboreé el olor que se escapaba entre las puertas de los restaurantes y mi imaginación alcanzaba el éxtasis imaginando que era yo el que disfrutaba de esos placeres culinarios preparados con mimo por los más exigentes profesionales del ramo. Era tarde. Era ya noche. Seguía paseando y las calles empezaban a llenarse de gente joven. Que iva. Que venía. De un lado para otro. Con risas, con empujones, con palabras de todo tipo. A cada uno de ellos parecía no importarle lo que hacían los demás. Fuera de los locales de copas, con los vasos de plástico de a litro en la mano, bebían de la música, de los gritos ajenos, de los suyos propios, del néctar barato que habían comprado a precio de oro en el local de moda. Me dejé llevar por ese espectáculo de olores, de luz, de ruido y de muecas y sonrisas indefinidas que abrían al poseedor las puertas a un mundo imaginario lleno de riesgos y peligros. Seguía teniendo hambre. Seguía estando solo. En mi andar llegué a una calle oscura llena de parejas aparcadas en los portales disfrutando ingenuamente de besos robados, con o sin sentido, con o sin amor. Una calle llena de seres hipnotizados por el deseo, en el asiento trasero de un coche, pagado a plazos por un padre o una madre que ahora no dormía esperando su regreso al alba. Me encontré vagando por la calles bulliciosas. Sólo. Recordé cómo Adrián me abrió la puerta del Megane plateado; cómo salí; cómo arrancó. Me había abandonado.
11/07/2004
 Hace años conocí un hombre. Era un hombre alto, educado, amable. Era un hombre de bien que vestía camisa de Pierre Cardin y pantalón Levi’s. Era un hombre que apenas chapurreaba el castellano.
Había llegado de la lejana Alemania traído por su afán de ampliar su cultura topográfica. Había venido a pasar unos días y se quedó toda una vida, prendado por lo que sus ojos contemplaron: una tierra, un mar, llenos de color y de vida. Vida que llenó sus necesidades espirituales.
La gente del lugar lo conocía y sabía de él. Sabía que dejó el hostal e, instalado en una roca, trabajó la piedra e hizo su museo. Sabían que disfrutaban de sus razonamientos, de sus palabras, de sus gestos. Y él sabía de la gente del lugar, de su gente.
El tiempo no se detiene y, después de haber disfrutado de nuestra tierra, un día nos dejó el amante del amor.
Han pasado ya algunos años y, aún hoy, resuenan sus palabras en mi mente:
hombre no querer a hombre.
15/07/2004
 - No me gusta lo que escribes, ni cómo lo escribes. Eres un prepotente.
Me encontraba, como cada noche, en el chat y, una vez más, regresan las críticas. A Marta no le gustaba lo que leía. No lo soportaba porque lo consideraba repulsivo. Pero continuaba allí. Continuaba leyendo.
Claro que imagino que Marta en realidad no era Marta. Era Isabel, o Ana, o Beatriz, o Antonio, o Carlos. Marta puede ser una persona que le ha ido mal el día en la clase de matemáticas; o en la oficina; o, haciendo caso a la superstición, alguien que se ha levantado con el pie izquierdo. En definitiva Marta es una persona que se refugia en un nick para desahogarse en el ciber-espacio.
Y yo comprendo a Marta. Porque Marta sólo es un alias. Un alias que dice, que opina, que se queja, que insulta, que participa. Y si Marta fuese un no-alias, por su timidez, por su carácter introvertido, por ser una más del montón que no está a gusto con lo que es, por eso todo, no se irritaría, no criticaría. Por eso la comprendo. Porque sería triste que sólo pretendiese encontrarme en el chat elogios y alabanzas.
17/07/2004

Internet es parte de mi vida. En él me he enamorado. También he reído, odiado, llorado.
Te conectas y siempre hay un Néstor, un Latino o un Diablillo dispuesto a conocerte. Y tú, ante eso, y lo sugerente de los nicks, te subes por las paredes. Al final, después de unas cuantas horas, terminas desconectándote y al lado de la nevera tomando un refresco light, frío, muy frío. Light porque te tienes que cuidar. Frío para quitarte el sabor agridulce que te ha quedado en la boca.
Néstor es falso, mentiroso. Latino aparece y desaparece, y si tuviese que decir algo de él... a ver, déjame pensar, sí, eso: sería que únicamente busca la conveniencia. Son comidas rápidas, de una noche. Pero al lado de las comidas rápidas, están esas otras. Esas que se disfrutan sin prisas, saboreando cada ingrediente. Como Diablillo. Personas con las que, sin ver, sin hablar, teniendo como único instrumento de expresión un chat, surge una especie de complicidad, que primero es de amistad y, más tarde, de algo más profundo.
Son uniones sinceras. Son uniones que llegan tras horas de conversación. Uniones que acaban por olvidarse incluso de las palabras. Una pequeña mueca, un guiño, una coma, un punto y la otra persona, desde la lejanía, sabe lo que su Diablillo particular quiere expresarle. Se hablan sin manos, sin gestos ni sílabas. A veces sin vocales, sin consonantes. Y se lo dicen todo. Todo porque se convierten en una sola, en una única persona. Se disfrutan con susurros, sin reservas, sin límites, sin normas. Se entienden por esa pasión, por ese amor sano, por escucharse, por no callar, porque no todos somos Marta, ni Néstor, ni Latino.
22/07/2004
 Julio era un mes de mucha actividad en la oficina. Las negociaciones más sustanciosas acostumbraban a ser ahora en verano. Victor era un tipo muy popular entre los clientes de J.P. & y asociados. Trabajaba lejos del hogar doce horas diarias. Dormía de domingo a jueves en un hotel. Y el viernes se marchaba a casa. Allí lo esperaban su esposa Sofía y Cristina, su hija adolescente.
Eran las siete de la tarde de un miércoles soleado. Víctor, tras leer un informe y comprobar unas gráficas, cerró los ojos, estiró el cuello hacia atrás y se llevó las manos a la cabeza. Estaba seguro que esta vez, la operación había sido un completo fracaso. Respiró profundamente, y sin pensárselo, se levantó de la silla y se dirigió a la oficina del jefe, el Sr. Blanquiño. Tras llamar a la puerta, entró con paso decidido y colocó encima de la mesa el informe.
- ¡Mierda!. Te dije que estudiaras todas las posibilidades. ¿Y qué haces tú?. Fiarte de la intuición de un novato.
- Señor, la idea era buena. Y yo asumo todas las responsabilidades. El único que se ha equivocado soy yo....
- Responsable, responsable...Quiero que te tomes un respiro. Vete a casa hasta el lunes. No te quiero ver por aquí. Y por el amor de Dios, encuentra cualquier resquicio legal al que podamos echar mano.
- Sí señor. Eran las diez de la noche cuando llegó a casa. No había llamado. Les daría una sorpresa. A Cristina la oyó en la habitación. Bueno, lo que realmente escuchó fue el cd de Chayanne. La cadena musical que le había regalado en su último cumpleaños cumplía sobradamente con los watios que prometía. Pero Sofía no estaba. Era raro. No tenía hambre. No iba a cenar. Así que decidió salir al jardín.
- Bonita noche para pasear, cariño.
Sofía volvía a casa con las mejillas encendidas, con el pelo descompuesto. Daba la impresión de que acababa de abandonar una cama. Al verlo notó un estremecimiento. Notó como se le tensaba el vientre. Notó como se le hacía difícil tragar saliva.
- He...sí. Demasiada calor en casa-, dijo desconcertada. - Cristina tiene problemas en el Instituto; el fontanero sigue sin aparecer; los de la asociación siguen sin encontrar las facturas... Ha sido un día muy duro. ¿Pero tú que haces hoy aquí?.
Por un istante permanecieron en silencio. Sofía esperaba la reacción de Víctor. No era capaz de mirarlo. Sabía lo desaliñado de su aspecto.
Él se acercó y atrajo aquel cuerpo femenino que tan bien conocía hacía si. Olío una fragancia de hombre que él ya no usaba y pensó que su mente ahora le traicionaba incluso en la percepción de sensaciones. Le tocó con su boca los labios. Ella meneo la cabeza, pero lo besó. Las lágrimas empañaron los ojos de Sofía; y de sus labios surgían palabras que no podía pronunciar.
- Sofía estás temblando.... - Estoy un poco cansada. Te importa dejarme. Me voy a dar una ducha. - Sí, ... claro.
Camino de la ducha no podía olvidar a Lorenzo. Tenía que admitir que estaba loca por él. Si buscas amor eterno estás condenada al fracaso. A la decepción. A decepcionarte. O a decepcionarle. Es mejor disfrutar del instante, apurarlo hasta el límite.
28/07/2004
Sentada en una mesa de, aquella en algún tiempo famosa cafetería, al igual que lo había hecho hacía quince años atrás, iniciaba un viaje al pasado a través de los recuerdos. Laura acarició el vaso helado Long dring modelo imperial. Se lo acercó a los labios y bebió de aquel crianza elaborado con cabernet sauvignon. El posgusto a vainilla no consiguió influir en aquella visión pesimista que la acompañaba a todas partes y a ninguna. Hacía quince años, cuando todavía era una adolescente, sabía ya que el hombre era un lobo para el hombre. ¿Qué había cambiado desde entonces?. Su afición por la coca-cola había dejado paso al gusto por los buenos vinos. Pero en aquel camino, que había vuelto a recorrer, las cosas seguían igual. El aire seguía siendo irrespirable en una ciudad, en una sociedad, en la que los hechos contradicen las palabras. En la que los políticos siguen sermoneando acerca de valores morales y éticos, mientras hacen de los derechos un negocio. Irrespirable en una sociedad en la que la mentira sigue ganando la batalla a la verdad. Y en donde los magistrados aplican unas leyes que no son iguales para todos. Irrespirable en una ciudad que como hace quince años, como siempre, siguen los enfrentamientos, los saqueos, las violaciones. Una ciudad en la que los inmigrantes siguen paseando por unas calles que no les llevan a ningún lado. En la que preferimos mirar hacia un animal abandonado antes que hacia un niño marginado. En la que vemos morir en vida a los seres humanos. Y la despertó el sonido de alguien que en la televisión del fondo decía que las gramíneas este año alcanzarían valores muy altos. Estaba convencida de que ella seguía sin poder hacer nada. Porque si actuaba siguiendo sus sentimientos y su propia razón se convertiría en alguien marginada, inaceptada, menospreciada por los demás. Así que seguiría siendo esclava de sí misma. Seguiría asentando su vida en esa serie de intereses, de placeres, de decepciones que nada tenían que ver con lo que ella sentía. Acababa de escuchar el del pita pita del , un tributo al mal gusto, algo que en estos días seguía estando de moda. Y apurando el contenido del vaso ya no-helado Long dring modelo imperial sentenció: - Quiero caer en la locura que le da sentido a lo que no lo tiene.
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