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Se muestran los artículos pertenecientes al tema En el chat.
06/10/2004
 Me gustan las mujeres peligrosas, cuanto más peligrosas mejor. Vestirme de colores intensos. Llevar la iniciativa y que sean ellas las que caigan en la trampa. Las que supliquen quedarse en esa placentera trampa. Me atrae el misterio, pero no creo en los cuentos con final feliz, porque las perdices tienen más hueso que carne. No me gustan los sueños, ni engañarme con fantasías, ni depender de una mujer.
Por vestirme de depredador, por combinar colores, por no seguir los senderos comunes que todos siguen me he ganado un montón de etiquetas. Y todas, absolutamente todas las etiquetas, son injustas. Las buenas también.
27/09/2004
Caminaba por una calle gris y solitaria , sobre la que se extendía la noche con su oscuridad y sus sombras. Caminaba con el cuello del abrigo largo levantado tratando únicamente de ausentarme de mí mismo.
En ese caminar me sobresaltó el sonido de unos pasos que parecían los míos pero no, no lo eran. Nuestras miradas se entrelazaron por unos instantes.
Era ella. Ella, cuya mirada, cuya sonrisa se adueñó de mi alma. Ella a la que descubrí a la luz de luna y cuyos paseos a su lado se convertirían en habituales. Ella, con su cabello denso y suelto, con sus curvas marcando las caderas. Ella, cuyos labios rozaban los míos y yo recorría con mi dedo los suyos dibujando su forma. Ella, a la que besaba sus párpados, primero uno, luego el otro. Ella, cuya dulzura en su modo de hablar lograban borrar mis lágrimas. Ella.
Vinculados por un sentimiento cómplice, complicado, que en cierta manera nos atormenta. Aterrorizados por ese sentimiento que ha nacido en el tiempo. Unidos por nuestras miradas, por nuestros sueños, por nuestras palabras, por nuestros besos y fundidos en un abrazo del que no podemos escapar.
Me sobresalté por unos pasos que días más tarde sabría que eran los de Sofía. Fue un instante, apenas unos segundos, en los que una mirada uniría dos vidas.
07/09/2004
 - Ha vuelto. - Lo vio María ayer. Me contó cómo entró en la sala. Y cómo percibió su sonrisa inevitable cuando lo saludaron. - Se vistió con su traje de estrellas y seguro que antes había estado mirándose al espejo y acicalándose con polvos de brillantina para parecer más hermoso. Había regresado envuelto en un manto de silencio. Peregrinaba de nuevo por allí en busca de palabras. Palabras que encerraban sentimientos. Palabras que se clavaban como alfileres en el corazón, en el suyo o en el de otro, provocando una visión en él: la de tener una vida intensa. Llegó y después de unos primeros instantes de incertidumbre, y habiendo recuperado la confianza en sus artes, apartó sus ojos lentamente de la pantalla para grabar esa nueva sensación que le producía el estar allí. Lo hacía para guardar aquel momento entre los otros muchos de sus recuerdos. Coleccionaba momentos. Volvió y seguía robando voluntades ajenas, sentimientos, besos. No había dejado de ser ese vampiro capaz de robar un mundo de sensaciones que no le pertenecían haciéndolas suyas, haciéndolas reales por unos instantes. Sólo unos instantes. Era su diversión. El escape a la rutina cotidiana. Todavía no sabe que la noche silenciosa y bella puede tornarse en un peligroso territorio lleno de fieras y de horror. No sabe del peligro que supone quedarse eternamente preso de un juego de ilusiones en un laberinto en el que se esconde su corazón. Pero ahora estaba allí, entre la multitud. La diversión continúa.
17/07/2004

Internet es parte de mi vida. En él me he enamorado. También he reído, odiado, llorado.
Te conectas y siempre hay un Néstor, un Latino o un Diablillo dispuesto a conocerte. Y tú, ante eso, y lo sugerente de los nicks, te subes por las paredes. Al final, después de unas cuantas horas, terminas desconectándote y al lado de la nevera tomando un refresco light, frío, muy frío. Light porque te tienes que cuidar. Frío para quitarte el sabor agridulce que te ha quedado en la boca.
Néstor es falso, mentiroso. Latino aparece y desaparece, y si tuviese que decir algo de él... a ver, déjame pensar, sí, eso: sería que únicamente busca la conveniencia. Son comidas rápidas, de una noche. Pero al lado de las comidas rápidas, están esas otras. Esas que se disfrutan sin prisas, saboreando cada ingrediente. Como Diablillo. Personas con las que, sin ver, sin hablar, teniendo como único instrumento de expresión un chat, surge una especie de complicidad, que primero es de amistad y, más tarde, de algo más profundo.
Son uniones sinceras. Son uniones que llegan tras horas de conversación. Uniones que acaban por olvidarse incluso de las palabras. Una pequeña mueca, un guiño, una coma, un punto y la otra persona, desde la lejanía, sabe lo que su Diablillo particular quiere expresarle. Se hablan sin manos, sin gestos ni sílabas. A veces sin vocales, sin consonantes. Y se lo dicen todo. Todo porque se convierten en una sola, en una única persona. Se disfrutan con susurros, sin reservas, sin límites, sin normas. Se entienden por esa pasión, por ese amor sano, por escucharse, por no callar, porque no todos somos Marta, ni Néstor, ni Latino.
15/07/2004
 - No me gusta lo que escribes, ni cómo lo escribes. Eres un prepotente.
Me encontraba, como cada noche, en el chat y, una vez más, regresan las críticas. A Marta no le gustaba lo que leía. No lo soportaba porque lo consideraba repulsivo. Pero continuaba allí. Continuaba leyendo.
Claro que imagino que Marta en realidad no era Marta. Era Isabel, o Ana, o Beatriz, o Antonio, o Carlos. Marta puede ser una persona que le ha ido mal el día en la clase de matemáticas; o en la oficina; o, haciendo caso a la superstición, alguien que se ha levantado con el pie izquierdo. En definitiva Marta es una persona que se refugia en un nick para desahogarse en el ciber-espacio.
Y yo comprendo a Marta. Porque Marta sólo es un alias. Un alias que dice, que opina, que se queja, que insulta, que participa. Y si Marta fuese un no-alias, por su timidez, por su carácter introvertido, por ser una más del montón que no está a gusto con lo que es, por eso todo, no se irritaría, no criticaría. Por eso la comprendo. Porque sería triste que sólo pretendiese encontrarme en el chat elogios y alabanzas.
18/06/2004
 - Eres un inmaduro. Un payaso. De pequeño me gustaba ir al armario de mamá y sacar de él unos zapatos de tacón, una camiseta, ó, una falda. Me las ponía y me acercaba al espejo de la coqueta. No para mirarme, sino porque allí tenía ella el maquillaje. Y con la barra de labios me pintaba la cara. Hoy, en cierta manera sigo haciendo lo mismo. Y lo hago aquí, en el chat. Me gusta no verme siempre igual. Me gusta cambiar. Me gusta hacer espectáculo. Me gusta sacar mi lado infantil, que espero no perder. Y aquí me encuentro con personas a las que robo una sonrisa. Personas que se acercan. Personas que, al igual que yo, disfrutan de la fantasía y de la imaginación. Personas a las que no se les ha olvidado esa otra forma de ver la vida: a través de los ojos de un payaso. Me encuentro con otras personas que me miran mal. Que no critican. Que insultan. Y lo hacen convencidos de que en esta sociedad hay que ser maduros. De que en esta sociedad hay que seguir unas normas establecidas, -mal establecidas, añadiría yo-. Me confieso culpable de ambos cargos. Aún así, cada vez que entre a una sala, seguiré escribiendo posibilidades.
11/06/2004
 Me encantan los hombres. A veces son mi debilidad. Otras mi fortaleza. Y sí, claro, otras también mi perdición. De lo que nunca me arrepiento es de probarlos. Aunque probarlos signifique tener siempre a mano el bicarbonato, por si surge la indigestión.
¿Tú eres mujer?. Sí, tú que estás aquí. ¿Lo eres?. Entonces, amiga mía, sabrás que para saber a qué sabe algo, hay que probarlo. Coges un trozo, lo llevas a los labios, lo masticas despacito para percibir los distintos sabores. Y luego decides. Porque ambas sabemos que las apariencias engañan. Los filetes tiernos, al cocinarlos, pueden convertirse en suelas de zapatos. Las pastas duras, al cocerlas, se derriten. Las galletas más dulces, resultan ser saladas o con sabor a limón. Las insectos fritos, que deberían ser agrios, son dulces mangares de dioses.
Por cierto, me llamo Lucía, y,... te voy a confesar algo. Ahora que llegan los primeros calores del verano me gustan los hombres fríos. Fríos como Antonio. Hombres de una sola noche. Hombres que buscan la satisfacción del momento. Que no ofrecen nada. ¿Inconveniente?. Se terminan enseguida al igual que los helados.
No creas, como a ti, también me gusta la intensidad y la pasión.¿Has probado la paella?. Yo la probé con Julio. La contraindicación es que debes alejarte de ellos, por lo menos hasta cierta edad. Suelen ser celosos y egoístas.
¿Y qué me dices de esos que son pesados?. Los que te hartan enseguida. Me recuerdan a la miel. Si sólo es una pequeña dosis, realza el sabor; si es más... aburre.
Hmmm me estoy acordando de Juan, un morenazo, sí señor, pero sin personalidad. Ja, ja. Cómo el marisco. Que sí, que soy gallega. Lo que te decía, está rico, pero tiene una coraza y no tengo paciencia para romperla.
¿Y Luis?. Me quiere mucho. Pero es incapaz de darme un no por respuesta. No sabe qué película ver. No sabe a que bar ir. No sabe que hacer una tarde de domingo. No sabe. Hay que aliñarlo porque por sí mismo no tiene sabor. Ya sé, justo como la ensalada.
Se lo comentaba a Manuel, cuando me propuso ir a un restaurante italiano. Manuel que la pasta ha de estar en su justa medida: ni muy cocida, ni poco hecha; y, en el Di San Remo, con toda su fama, nos podemos llevar una sorpresa, porque no se paran en los detalles.
Que sí amiga, que un hombre de calidad y con la consistencia y dulzura necesaria es difícil de encontrar.
Yo no lo he encontrado.
07/06/2004
 A los diez años y gracias a Míriam supe que las mujeres son manipuladoras. Dicen que el mundo se ha hecho a semejanza nuestra, la de los hombres. Dicen que somos nosotros los que lo disfrutamos. Pero no, lo único que en realidad somos, es siervos suyos. No nacimos para mandar sino para la sumisión. A los catorce, con la sofisticada Silvia, supe que las mujeres son celosas. El simple hecho de tomar un café sólo, acompañado de una amiga de infancia, provoca el encendido inmediato del motor de la desconfianza y el recelo. A los dieciocho, con la amiga de Silvia, la cosmopolita Teresa, supe que las mujeres son acaparadoras. Después de iniciarme con ella, un día que sus padres no estaban, en el arte de los placeres carnales, pagué un alto precio: el de ser propiedad exclusiva suya durante dieciséis horas al día. Con voz, pero sin voto. A los diecinueve, con Mari Carmen y su extraordinaria belleza, supe que las mujeres son mentirosas sin piedad. Por necesidad, por protegerse, por inconformismo, por rebeldía, por... lo que fuera, me dejó amparándose en la quinta enmienda de un tal artículo 52 de la constitución de Bruselas. Principio que nunca llegué a conocer. Con los 20, llegó a mi vida Ana y su obsesión por la pintura, y supe que las mujeres no están contentas nunca con nada. Tampoco pude descifrar qué había detrás de aquella coraza. A los 21 con Mónica supe que las mujeres amparándose en el infantilismo, son a veces, infieles. Cualidad respetable, siempre y cuando no lo nieguen escandalosamente, aprovechando nuestra sumisión y docilidad mendigante. A los 33, he confirmado que siempre he sido una víctima. Que nos movemos y agitamos por ellas sin hacer caso al sentido común. Que las princesas azules destiñen.
03/06/2004
26/05/2004
 Tentadoras. Las citas a ciegas son siempre tentadoras. Para algunos, la única forma de acercarse a alguien. Para otros, un simple juego. En uno y otro caso una ruleta rusa. Esta es la historia de Antonio. Que la conoció en unos de esos chats. Que se lo había dicho Carlos: métete una noche, hombre. Que no son cuentos. Y él lo hizo. Se metió. Allí dio con ella. Una experta en amoríos. Él la contemplaba cada tarde al salir de la oficina. Dejó el bar, la partida y las tragaperras. Y vivió para su sueño. Hermoso sueño de nubes azules. Dicen las malas lenguas que lo relajaba. Yo creo que era un celoso empedernido. Y por esas noches en vela sospecho que tuvo problemas. Intentó poner solución a su vida. Y un día, que se salpicó la camisa con la jarra de cerveza, quedó con ella. Se vistió y cogió el paraguas por eso de la lluvia. Olía a Paco Rabanne y a ilusiones frustadas, pero él no lo sabía. Paseó sus pretensiones arriba y abajo. Pasaron los minutos. Pasaron las horas. El teléfono del amor desesperado comunicaba. Lo que quedó de la cita: una mañana demasiado larga.
20/05/2004
 Como cada noche acudí al acantilado. El mar estaba tranquilo e iluminado por la luna. Oí el aleteo y el arrullo de chorlitejos, correlimos y cormoranes. Una leve brisa agitó mi gorro. Eso hizo que levantara mi mirada y observase la decoración que el cielo había elegido para la ocasión: tonos ocres salpicados de manchas rosáceas. Sobre una gran roca que semejaba un altar, dispuse el cuenco de barro. Añadí el fruto de la remolacha y el licor destilado del alambique. Después de macerar con hierbas, especias y frutas, tomé una parte del ungüento con un viejo cucharón, y, con un gesto firme, seguro y contundente invoqué al dios Efesto, hijo de Zeus, que descargó su ira y las llamas cobraron vida en el néctar que mi mano asía. Muy despacio lo dejé caer sobre el bol que contenía el resto de la mezcla espirituosa. El resplandor del fuego me transportó a tiempos remotos. Alcé las manos al cielo. Las aves dejaron de arrullar. El mar embraveció. El viento se tornó brusco. Y el cielo oscureció. Mi silueta, que la dibujan en la arena las llamas, parecía la de un personaje diabólico. Recité el conjuro, implorando a dioses y espíritus: Que las grietas ni las hendiduras me derrumben, Que el mal de ojo no me alarme, Que mis muros soporten el peso de los agravios, Que las tradiciones no sean barreras insalvables, Que mi existencia no se convierta en suplencia, Que sea consciente de mis propias debilidades, Que no me sienta mal sólo por vivir, Que mis letras no las borren ni las cubran de pintura negra. Caí rendido al suelo y el fuego se apagó. Tomando del cuenco bebí el concentrado que resultó sabroso a mi boca.
16/05/2004
 Bella, elegante y sonriente acudo a la cita, como a un estreno de cine. Ese valor y esa libertad que encuentro me hacen sentir irrepetible ante ese continuo desfilar de horteras. Camino por esa senda de disparates nocturnos para escapar de una serie de cosas, y esa no es una buena razón para ir. Lo sé, pero ¿cómo puedo dejarlo ahora?. Ahora, después de dos años de ilusiones, de esperanzas, de sonrisas, de lágrimas, de tantas y tan buenas medicinas para mi alma enferma. Es demasiado tarde. Es tan sorprendente y tentador lo que encuentro allí. Sólo sé que ahora me lanzo cada noche diciendo que sí, que esa será la última... pero no lo es. ¿Qué hay detrás de un chat?. No lo sé. Para mi un círculo pequeño y cerrado del que no logro liberarme.
15/05/2004
 Me has dicho que escuche una canción. Que a ti te ha fascinado. Que disfrute de su letra. La música está en cada uno de nosotros. Y su valor depende de nuestra respuesta personal en un momento dado.
14/05/2004
 No puedo apartate de mi mente. Posees ese magnetismo innato del que no puedo huir. Pero en todo esto hay algo extraño. Me da miedo quedarme dormido por las noches. Miedo a ese sueño que se repite una y otra vez y que no entiendo. En una habitación, que no es la mía, descubro un paquete que alguien a colocado con sumo cuidado. Un gran lazo violeta lo envuelve. En la siguiente escena aparece en mis manos una caja roja, de relojería. Una caja abierta, vacía. Una caja que me susurra que me vaya al mismo tiempo que se oyen unas pisadas que se acercan. Se acercan y yo no me muevo. Se acercan y alguien me abraza por la espalda. - ¿Te ha gustado?-, me pregunta una voz suave y profunda. - Te acompañaré a la puerta-, es mi respuesta.
07/05/2004
 Una cama y una colcha. El respaldo de una silla. Una escalera de caracol. Yo sentado en un escalón. Y tú en otro. La música no paraba de sonar. Tú llevabas una orquídea en el pelo, tenías una sonrisa cálida y las mejillas sonrosadas. Te cogí una mano. Luego la otra. Y, sin despegar los pies del suelo, bailamos el vals. Nuestro pasos se adaptaban perfectamente. Los movimientos de nuestros cuerpos eran acompasados. Aproveche un ligero roce para besarte la oreja. Deseé hacerlo en los labios. Tenía la impresión de estar soñando. Pero en uno de los giros me miraste. Percibí un rostro de sufrimiento. Y sí, me estremecí. Era la mirada de una princesa comprometida. Pero adiviné que yo no era el príncipe. Yo sentado en un escalón. Y tú en otro. - Es extraño estar sentados aquí de nuevo, ¿verdad? - Sí, cuántos recuerdos. - Quisiera quedarme sentado aquí...solo - ¿Para qué? - Porque soy sensible al vals.
03/05/2004
¿Diablillos o angelitos?Todos tenemos algo de ambas cosas. Pero tú, ¿Con cuál te quedarías?
15/04/2004
 Me he levantado con una frase en la cabeza, la tuya: Cuando estás conmigo y estás callado, también me estás diciendo algo.
09/04/2004
 Anxo había crecido mucho. Era ya casi un hombrecito con sus diez años. Adorado y consentido por sus padres. Vivo, alegre y travieso.
Fabiola lo abrazó. Se pusieron a jugar animadamente los dos. Él la aceptaba. Y ella se enamoró de la criatura. Lo quería como si fuese suyo. En la cena le preguntó sobre lo que hacía, sobre sus amigos, sus juegos; y hablaron animadamente. Lo fue a acostar y le propuso contarle un cuento. Fabiola se sentó en la cama y Anxo, entre las sábanas, se abrazó al viejo perrito Scooby Doo que lo acompañaba todas las noches desde hacía años. Y comenzó el relato, tras advertirle que tenía que estar muy atento.
Cuentan los viejos, que fue la reina Doña Inés quien, sabiendo de la devoción que por ella sentía el príncipe Constantino, dio orden que lo condujesen a palacio. Éste, descendiente del malévolo brujo causante del estado en que se encontraba su hija, la princesa Anastasia, era el único capaz de romper el hechizo; eso sí: él dormiría hasta que su amada lo despertase con un beso en la barbilla.
Una vez en palacio, Constantino se presento ante la reina. Una de las mujeres más fascinantes y peligrosas de la época. Se inclinó hacia delante, cogió su mano y la besó. - ¿Vino?- ofreció doña Inés. - Gracias señora.
La dureza del rostro de ella se suavizó. Y le dijo: - Vos sabéis lo afligida que estoy por el estado de mi hija. De igual modo sabéis que sois el único capaz de despertarla de su letargo y romper el encantamiento. También conozco vuestros sentimientos hacia mi persona. Así que hacedme este favor y yo, como prueba de agradecimiento, os recompensaré desposándome con vos. Conozco también que tengo en mis labios el poder de devolveros la vida y romper para siempre esta pesada carga con la que está hipotecada nuestras vidas. Si es tan grande el amor que sentís por mi, id a la torre y salvad a Anastasia.
Él la amaba, de eso no cabía duda, y estaba dispuesto a afrontar todas las posibles consecuencias con tal de conseguirla. Incluso, si ella no lo salvaba, quedaría privado de su vida.
Así es como el príncipe tomó el camino de la torre. Entró a la cámara adornada con ricos tapices donde yacía Anastasia. Cayó de rodillas ante la princesa. Su entendimiento le advirtió que tuviese cuidado, que aquello era peligroso. Se odió por quererla tanto. ¿Era realmente una lágrima lo que había en aquellos ojos oscuros?. Quizá, porque se enfrentaba a un dilema que lo podía conducir a la muerte. No hizo caso a su entendimiento, y se repitió que no podía ofender a la reina, que sólo quería servirla a ella y que ella lo sacaría de su cautiverio y vivirían felices. La besó.
“La princesa abrió lentamente los ojos, parpadeó varias veces y miró a uno y otro lado. Se incorporó y vio la cabeza de un hombre sobre su regazo. Extrañada, con los dedos índice y pulgar de sus manos sujetó un instante la cabeza inerte del caballero que al soltar, volvió a caer sobre ella. Intentó despertarlo en vano, así que lo apartó como pudo y saltó de la cama. Se desperezó, mesó su pelo, sacudió su vestido y se dispuso a bajar las escaleras de palacio. Antes de eso, sin embargo, una fuerza interior la obligó a pararse. Se volvió hacia el hombre que yacía al lado de su cama, y sus ojos se entornaron presos de una dulce candidez. Cogió su almohada, la colocó bajo la cabeza del príncipe, y tras darle una palmadita en la espalda... se fue”
Lo que si falta por saber es si la reina salvó a Constantino o sólo lo atrajo porque lo necesitaba.
Fabiola contempló a Anxo que dormía plácidamente.
-Se parece a su padre-, exclamó. Había superado la primera prueba.
07/04/2004
 Allí estaban los dos. A Hechicero el escenario le resultaba mágico. Y se transformó en el de siempre. Primero saludó a los conocidos y dejó a Fabiola en un segundo plano. Pero como ella lo ignoró, empezó a recitarle los versos que hubiese repetido a cualquier otra y en cualquier otro momento, convencido de que podía hacer lo que quería con las mujeres que le interesaban. - Me diviertes-, le espetó ella. - Y me gusta tu actuación, aunque deberías mejorarla, añadirle algún que otro efecto especial más, porque empieza a hacerse monótona y a cansar a los que te conocemos. Por cierto, hay cosas que no cambian; te he visto hablar animadamente con otra mujer en la sala.- Él se calló. No lo esperaba. Y así fue como el incidente cambió el desarrollo de la conversación. Cuando recobró el entendimiento le pudo contestar. - A ti tampoco te importa el que esté con otras mujeres. ¿Desde cuándo te han preocupado mis juegos de una noche?. Disfruto entre la gente y me entretengo. Me gusta dar una palabra amable unas veces, o provocadoras otras, a aquellos que entran; me gusta reírme con ellos y aplaudirles a veces. Sin embargo por ti siento un gran respeto y te amo. Te amo ... sólo a ti. - Entonces vamos, díselo a ella. - Si ella no estuviese me casaría ahora mismo contigo y te demostraría cuáles son realmente mis sentimientos. - Pero está. Y tú planteas hipótesis. Sabes perfectamente que no te atreves a decírselo. A dejarla. - No. No se lo diré ahora. Pero si me das tiempo seré tuyo y se lo diré. - Si tu me dejas, me volvería loca. Sé también que después de un tiempo me recuperaría. Y no estoy dispuesta a que me tomes o me dejes cuando te resulte más conveniente. - Fabiola tienes que entenderlo. Deseo más que ninguna otra cosa estar contigo de verdad. Y te lo aseguro... algún día lo estaré. -¿Cuándo? - Sé paciente. Tú y yo estamos hechos el uno para el otro. Lo sabemos ambos. Lo supimos la primera vez que nos encontramos por casualidad. No tardaré mucho en ser parte de tu vida. - Ya lo eres. Y no creas que voy a dejar que te apartes de mi lado. - Pues ahora he de hacerlo; de lo contrario perderé mi empleo. Besaron el monitor. Lo besaron ambos. Él volvió a su trabajo preguntándose si alguien advertiría que había estado con su amada. Ella, se quedó allí, inmóvil, pero una vez más sus ojos se le llenaron de lágrimas.
31/03/2004
 Me has sonreído y me has dicho que sí, que ya lo sabías. Que hace tiempo que lo imaginabas. Que sólo esperabas oírmelo decir. Que las cosas no son complicadas, que las complicaciones las ponemos nosotros. Que querías irte, que no podías. Que las nubes no siempre son grises. Que el viento no nos va a llevar el paraguas. Que estás harta de que te pongan vendas en los ojos. Que hemos acortado distancias. Que estás aquí. Que te busque. Que cuente contigo. Que me quieres. Eso me has dicho.
30/03/2004
Junto con los grandes éxitos y luces de la gloria, conviven las sombras, los pliegues oscuros que van dejando por los rincones vidas rotas, tormentosas personalidades y mentes cada vez más complicadas.- ¡Pero que diablos es esto!-, murmuró para sí Hechicero. - Sólo es el comentario de un loco-. Se dijo a sí mismo y cerró el general. Faltaban cinco minutos escasos para la cita con Fabiola. Estaba nervioso y lo achacó al café que había tomado antes de venir. Recostándose en su silla, comenzó su monólogo. En la soledad de la noche pienso en qué pasará. Ella se está convirtiendo en una persona real y empieza a interesarme de una forma incontrolable, hasta obsesiva diría yo. Repito mentalmente su nombre una y otra vez. Su imagen me acosa a cada instante. Hasta parece que huelo su perfume. La echo de menos. Espero verla de una manera ansiosa e ilógica. ¿Qué significa todo esto?. ¿Qué me pasa?. Por suerte ella no ha apreciado en mi estas sensaciones que embargan mi alma. Que me atormentan. Era la hora. Abrió de nuevo la ventana del chat. Allí estaba ella.
27/03/2004
 Se están luciendo. Dan rienda suelta a sus sueños y abocan sus vidas a un terraplén que no los matará, pero sí los dejará marcados por recuerdos amargos. Amargos por engaños y desengaños. Víctimas, sin pretenderlo, de una trama barata de telenovela televisiva. Él. Él se siente atraído por ese mundo del chat que le provoca la excitación de sus sentidos. Y así pretende que continúe siendo su relación con ella. En ese mundo hace todo lo posible por conseguir lo que desea. Se encarga de hacerle forjar esperanzas, que luego, sin contemplaciones, destruye. Ella. Ella aunque se dice a si misma que sólo es un pasatiempos para él, está decidida a demostrarle que una vez que la vea, que comparta un instante a su lado, no será capaz de apartar su vida de la suya. En la sala, cuando coinciden ambos, ríen, discuten, gritan, se lamentan. A veces, ella, cansada, se marcha. Y cuando regresa, él exige saber la razón de su atrevimiento a irse. La acusa de que ella ya no necesita la presencia de él. Y la amenaza. La amenaza con desaparecer. Entonces es cuando ella sale en busca del corazón de él, susurrándole que se alegra de verle de nuevo. Y ella cede. Y ellos se reconcilian. Ella, enamorada. Él ansioso de aventuras que alivien su monotonía. Para ella, un dios. Para él, una parte de la noche. Y yo. El amigo de ambos. Confundido por la desesperación de uno y el egoísmo de otro. Apoyándolos y contribuyendo en su vuelo. Y enfurecido. Enfurecido por mi deseo y mi pasión por Fabiola que no disminuye aunque pasan los días. Y ella, ignorándolo. Y yo, sufriendo. Y a Hechicero, traicionando su confianza. Esta noche se encontrarán. Y Segundo, que así se llama, derrama una lágrima al compás de los versos de Arjona. Amo la costura de tu falda amo la estructura de tu espalda, amo lo que ves y lo que tocas amo lo que no es y lo provocas. Amo tu frialdad ante la vida amo tu verdad aunque es mentira...
Amo mucho más que tu belleza te amo si te vas o si regresas...
26/03/2004
 Me he dado cuenta de que las miradas de las mujeres me siguen, y he oído rumores de que soy un hombre deseado. Un hombre que tiene el poder de atraer a las mujeres y atarlas a mí. Paró de escribir y se hecho a reír maliciosamente. Triunfante. Luego siguió. Hay infinidad de rumores sobre mí, y naturalmente, se apartan mucho de la verdad. Nunca le he dado importancia a estas cosas. Te deseo y tú a mí. Olvida los chismes. Hay, entre tú y yo, sentimientos y lazos demasiado fuertes para rehúsarlos. Olvida las barreras y vivamos esta experiencia, porque pase lo que pase, nunca la olvidaremos. Y terminó animándola a que volviese a la sala. No has entrado hace días. Y ese vacío que has provocado en mi alma, ese echarte de menos, es la prueba que confirma que hay en ti algo distinto a las otras mujeres que he conocido. Te espero esta noche. Ni siquiera firmó. Ni siquiera lo releyó. Simplemente oprimió enter y las palabras volaron a través de la red hacia su destino final: Fabiola.
24/03/2004
 Hoy no entraría en la sala. Simplemente no tenía ganas de verle. Estaba demasiado irritada con él y sabía que la naturalidad con la que manejaba las palabras acabarían provocando sensaciones no deseadas en su cuerpo y en su alma. Fabiola abrió el libro que tenía entre sus manos y se enzarzó en su lectura. Hace ya muchos años vivía en Pontus Veteris, una pequeña fortaleza del norte de Hispania, un campesino llamado César. Por aquel entonces, después de varias guerras contra los invasores bárbaros, la fortificación se había quedado sin soberano. Se convocó así en aquel castillo, que dominaba con sus cuatro torres una extensa y fértil llanura, a todo aquel varón, mayor de edad y con capacidad en las artes de administrar la paz y mejorar la maltrecha economía de aquel reino. César, joven de ojos oscuros, vivaces y penetrantes, de estatura media y delgado, no especialmente bello, vivía en una pequeña casa a las afueras de las murallas cuidando un rebaño de ovejas y cultivando vides. Él, inquieto, impaciente, curioso, que no hablaba latín ni griego, acudió a aquella llamada confiando en su capacidad de embelesar a todo aquel que se ponía a hablar con él. Ante el pueblo allí reunido contestó hábilmente y con diplomacia las preguntas de los fiscales. Su magnetismo cautivador arrastró a la gente hacia él. Lo aclamaron y le coronaron rey con una pesada corona al son de trompetas y laudes. Estaba lleno de buenas intenciones y, sentado en su gran sillón tallado por un hábil artesano, decretó con pericia edictos que mejoraron la felicidad de sus súbditos. Amaba la extravagancia, en todas sus modalidades. Le gustaban los espectáculos, sobretodo el teatro y la danza. Y eso dirigió toda su política. Un día llamó a un soldado y le dijo que empezando por los poblados adyacentes, y siguiendo el camino del sur, advirtiera a todos los que allí encontrara que él, el rey Tiranus, cabalgaría en blanco corcel, amparado por sus ejércitos, para someterlos a su tutoría. Les garantizaba su atención, aunque fuese por tiempo breve. Los invitaba a su rendición incondicional. Los invitaba, pero no los obligaría nunca con armas a abandonar la autonomía de sus fortalezas, a menos que ellos así lo decidiesen. Y así avanzaba día tras día, consiguiendo a su paso, muchos de los poblados por los que suspiraba. Pero el poder es un imán que atrae a los ambiciosos. Y fueron éstos, los que anhelan el poder, los mismos que se encargaron de sembrar la incertidumbre en las calles del que se estaba convirtiendo en imperio. Perdió así su buen nombre y la devoción del pueblo. Se había permitido muchas frivolidades. Sobretodo la de intentar abrir la mente de sus súbditos a la luz de la originalidad y del sentirse diferentes. Ello había hecho que ese mismo pueblo que lo colocó en el trono ahora se rebelase y pidiese su muerte. Sus seguidores nada podían hacer ya por él Le gustaba jugar con fuego y se chamuscó, por lo que decidió no volver a reinar. Y así es como tomó el camino hacia el exilio, porque quería seguir siendo inalcanzable para la mayoría. Ahora el rey Tiranus vive recluido con sus más fieles colaboradores, aunque sigue sin dedicarse a las buenas obras. Ha pasado ya mucho tiempo y aún hay noches que en las calles de Ponte Veteris perdura el recuerdo de Tiranus. ¡Viva el rey!. Y Fabiola despertó sobresaltada pregúntandose cuánto fue sueño o cuánto realidad de la obra que yacía sobre las sábanas, Un rey para un pueblo. Se había quedado dormida.
20/03/2004
 Soy de esa clase de mujeres que siempre se equivoca al elegir. Esa clase de mujeres que luego se lamenta de las consecuencias. Esa clase de mujeres que no se conforma con la plácida calma de una relación normal. Esa clase de mujeres que se enamora siempre del hombre equivocado. Es ridículo enamorarme de un hombre que ha hecho un estudio pormenorizado del arte de la seducción. Un mujeriego. Un perezoso. Un vividor. Un amante de la poesía. Pero, sí, encantador. Ocupo un lugar que sé seguro deberé abandonar dentro de unas semanas. Presentí desde el principio que sería una tragedia. Tragedia para mis sentimientos. Pero quise permitirme el pequeño placer de amar un imposible. Siempre sin exigir. Sin exigir fidelidad. Necesito huir del dolor. Necesito sonreír. Necesito esa serenidad que me transmite su presencia. Lo necesito a él. Fabiola cerró su diario, dejó el bolígrafo sobre la mesa. Y aguardó inmóvil acurrucada delante de su escritorio. Era como si esperase que alguien la acariciara. A través de la ventana la luz de la luna traspasaba las finas cortinas e iluminaba parte de su cabello desarreglado.
19/03/2004
 Llegué a su casa, pensando que hoy no estaría. Timbré. Oí pasos. Se abrió la puerta. Allí estaba ella, fresca y coqueta, con su pantalón corto y la camiseta ceñida a los senos. Su cabello recogido. - Pasa. - Anda, prepárame un café de esos tan fuertes que haces- , le ordené. - Un hombre tan mandón como tú debería tener una compañía de soldados a tus órdenes. Lo dijo, pero se dirigió a la cocina a preparar uno de sus brebajes que se le dan tan bien. Estuvimos, luego, sentados en el amplio salón del privado. Allí hablamos de casi todo. - ¿Qué les haces a las mujeres?. ¿Qué debo hacer para ser como tú cuando sea mayor?.- Cuando hablaba su voz era refrescante y suave como la nata. - Pues, niña, sólo tienes que ser tu misma y usar la mala leche. Todos la tenemos. Eso sí, usala de forma constructiva y sin pretensiones. En cierto momento, en tono más bien áspero y enarcando una ceja, me preguntó acerca de la ambigüedad con la que yo veía la amistad. Noté como la temperatura subía y con ella la densidad del aire. Una sonrisa acabó asomando en la comisura de mis labios, pero advertí como se me apagaba la voz. Me froté los ojos, está vez más por la alta hora que por otra cosa. - Amigo es aquel que, sin condiciones, está a tu lado, cuando lo necesitas y cuando no. El que te apoya. El que ríe contigo. El que llora a tu lado. El que calla. El que te dice. El que está cuando te abres paso y cuando estás hundido-. Desvié la mirada de ella y seguí. - En esta sala de chat sólo me han dado manotazos. He encontrado....¿uno?. Yo... - Chisss, sino acabaré dándote un sartenazo. Además mira la hora.- Lo dijo al tiempo que me rodeó con un brazo. Noté en mi hombro su mano pequeña y delicada. Ella, como yo, sabía lo mucho que conforta en ciertas circunstancias el contacto, el calor humano. - Una velada encantadora- Me incorporé y abandoné la estancia.
18/03/2004
 ¿Capricho?. Esa es una forma muy interesante de definirme. Siento mucho decirte que no puedo hacer siempre lo que tú esperas. Lo que tú quieres. Ni puedo ser tan predecible como tú deseas. Nunca, ni una sola vez, escatimaste en tu dedicación a hacerme sentir especial. Cuando necesitaba llorar me has dejado. Cuando necesitaba que me escucharan, me has escuchado. Pero te has cansado y empecé a sentirme como un instrumento que tu afinabas, lustrabas, según tu conveniencia. Conmigo no has acabado. Si crees que con buenas palabras me hechas a la calle, te equivocas. Buenas palabras, o ¿debería decir palabras vulgares?. Vulgares como todo cuanto te rodea. Te has aprovechado de mi ingenuidad. Pero estoy contigo. Sé que me quieres, a tu manera. No sé. No sé si deseo o si es posible. De lo que estoy segura es de estar acorralada por la tentación de seguirte. Cómo es posible que haya pasado mi vida sorteando tormentas, evitándolas, y de pronto esté hundida hasta el cuello en la peor de ellas. No lo sé. Amo este lugar, a pesar de lo ocurrido. Me siento bien aquí. Y necesito. Necesito pertenecer a un lugar. FABIOLA Enviado el mail, levanto la cabeza y veo el fantasma de tu reflejo en el cristal de la ventana, con la negrura detrás.
13/03/2004
 Es un día nublado. Sin embargo, ahora, veo el reflejo de un rayo de sol en el cristal de la ventana del salón. Fuera oigo el ruido de gente manifestándose por la oleada de violencia sin sentido que asola el país. Y en mi mente están esos ojos tuyos. Ojos que cuando miro vislumbro esa paciencia, esa serenidad y hasta esa compasión que tanta falta me hacen a veces. En cambio, los míos sólo son capaces de reflejar necesidades, dudas y miedos. Te tengo miedo. Porque cada vez que creo conocerte un poco, te transformas. Puedo oler que estás enamorada sin quererlo. Puedo oler que entre tú y yo las cosas nunca marcharían bien. Tengo la seguridad de ello, porque entre otras cosas, y a pesar de mi fachada, soy un cobarde que no sería capaz de adaptarse a esa nueva vida que me propones sin decírmelo. No busco sentirme culpable. Culpable por enamorarte. No me angustio pensando que habría podido evitarlo preveyiendo acontecimientos, cambiándolos o evitándolos. No escucharé esa vocecita que sé en mi mente y me susurra ideas acerca de culpas, errores y flaquezas. No quiero promesas. Atentamente Hechicero
11/03/2004
 Fabiola, o Fabi como le gustaba que le llamasen sus amigos, entraba todas las noches a la sala del chat. Y allí presumía de que los hombre que se cruzaban en su camino no la olvidaban fácilmente, y que ella tenía a cualquiera que en ese momento se le antojase. Me gusta coquetear. Sobretodo con los que se ponen nerviosos cuando me dirijo a ellos. Porque eso se nota. Es que es mi forma de ser. Sólo juego. Nunca nada serio. Siento curiosidad. Siempre la siento, pero en el fondo no estoy interesada por nadie. Me doy cuenta, pero ¡ya lo he hecho!. Claro que un día llegó quien tenía que llegar. Sus palabras tenían algo. A veces parecía inteligente. Otras mediocre. Tonto. No sé. Pero suspiré por su amor, por su tiempo a mi lado. Con lágrimas incluidas, auque no se lo dije a nadie. El problema es que está cortado por el mismo patrón que yo. Se mueve en el mismo ambiente y usa las mismas cartas. Sí, piensa en mi más como un instrumento, que como una mujer. Angela, ya sabes, mi mejor amiga, me aconsejó que lo dejase. Pero tengo la terrible costumbre de ignorar los consejos que me dan. Sus consejos han servido para que me enfrente conmigo misma y me pregunte si aún es posible evitar desvincularme de estos sentimientos no correspondidos y de los aires de suficiencia y superioridad que adopta. He decidido preguntarle qué es exactamente lo que siente. Por eso estoy aquí. - Comprendo-, escribí en el privado de Fabi.
10/03/2004
 La pérdida de un amigo, aunque sea aquí, siempre es dolorosa. Conoces a alguien y, cuando menos lo esperas, desaparece. Entre lágrimas, se comparten confidencias, secretos. Hay comprensión. Hay consejos. Consejos sobre la vida. Hay, en cierta manera dependencia. Hay apoyo. Hay tantas y tantas cosas. Pero a veces ni siquiera la profundidad de los sentimientos es suficiente para retener a alguien en tu vida.
06/03/2004
 Vuelve a llover. Miro un pequeño cuadro, imitación de un Picasso. Y me pierdo en él. En la sala, personas situadas a cientos o miles de kilómetros. A veces a años luz de distancia. Almas vagando en silencio invadidas por la emoción y el misterio. Y los que se atreven a la provocación. También los vendedores de la nada. Los infantilistas. No me niegues que no es inquietante la oferta. En efecto, lo es. Sigue lloviendo. Sigo mirando el cuadro. Y me pregunto dónde estará esa línea divisoria que separa lo ético, lo correcto, lo válido,... de lo que no lo es.
04/03/2004
 "... palabras que soplan en el viento, palabras fáciles de olvidar" Los Rodríguez
03/03/2004
 Muchas noches entro y me embarco en algún monólogo lleno de despropósitos. Eso sí, con el único fin de arrancar de los que en ese momento están allí en la sala, risas, aplausos o enfados. Me gusta degustar las diferentes demostraciones de todo tipo e impulsos de diversa índole que los provocados formulan sin contemplaciones amparados en el anonimato que les confiere la red, ante los a veces sí, otras no, lúcidos monólogos de Hechicero. Son muchos los que, erre que erre, se empeñan en que su actuación caiga en la continuidad de su vida monótona, en su falta de vitalidad y pérdida de confianza en sí mismos. Así hemos acabado convirtiendo las salas de chat en verbenas mediocres de mal gusto. Si eres tú, que me estas leyendo, uno de esos aficionados a estos nuevos medios de comunicación, una vez que hayas entrado, corre todo lo que puedas, haz piruetas hasta descalabrarte, se capaz de dialogar, proponer y escuchar, y, sobretodo, huye del tema universal. Ese al que llaman amor.
02/03/2004
 Allí estaba yo, sin poder ocultar en mis ojos la certeza de que no vendrías. Eres la luz que me ha guiado en los últimos meses. Me has hecho deslizar por tus curvas y he sentido en mi cuerpo emociones y sensaciones. Llegas de madrugada y te desnudas junto a mi. Caes en mis brazos desnuda. Y al día siguiente sigues tu camino. Tu mirada misteriosa puede volver loco a cualquier hombre, y sé que tu cuerpo conoce a la perfección el idioma del deseo y siento que tu piel brilla cuando yo estoy al otro lado del hilo. Nunca tuve una mujer como tú. Los últimos pasajeros de ese vuelo han salido. Me gustaría salir corriendo para abrazarte. Siempre soñé con salir corriendo a tu encuentro. Cada día más intensamente. Quizá pensaste que hay palabras capaces de crear un círculo mágico donde caben los misterios, las esperanzas, todas esas cosas pequeñas que nos conforman. Quizá pensaste, por la presión de la realidad, de la verdad, que ese vuelo no era el tuyo. Me gustaría salir corriendo abrazarte, pero las escobas en las que viajo están deterioradas en esta época. Y de repente una voz a mi espalda. Me doy media vuelta y me encuentro con una mujer y con una sonrisa. Y descubro que ya es primavera, y que aunque yo sigo con mi jersey de lana ya han llegado los primeros calores. Alterado por la perspectiva de que esa mujer ha llegado de un mundo virtual para convertirse en real, me encuentro con sus ojos y apenas logro articular un Hola...El simple roce de mis labios en su piel despertó en mi el volcán que hasta ahora había estado oculto. Salimos fuera, en silencio. Allí, en el aparcamiento, cogimos el coche. Volabamos por la carretera hacia el hotel. Era noche. El camino discurria entre árboles y yo aceleraba al salir de las curvas. Sentía en mis piernas el efecto de los nervios. Y ese aroma embriagaba mis sentidos. Nunca encontré una mujer como tú, pensaba. Y si pudieses escuchar lo que corre por mi mente te darias cuenta de que uso un pretérito perfecto simple, porque no sé si tu luz un día desaparecerá y acabaré estrellandome en cualquier camino oscuro. Y allí estaba el hotel. Sonó el despertador. Eran las siete de la mañana. Miré a mi alrededor, pero ella no estaba. Sólo había sido eso, un sueño.
01/03/2004
 -¡Dios mio!-, exclamé rozando con mis dedos el teclado. Imaginando que esas teclas negras con letras blancas era su piel. La piel de Laura. -Podrías haberme hecho daño. Tienes que entender algo tan sencillo como que la gente tiene sentimientos. ¡Maldita sea!, yo también tengo sentimientos.- dijo ella guardando unos instantes de silencio. Unos instantes que me parecieron eternos . Luego siguió: -Me acaricias la cabeza y me alejas de tu vida como a una fémina inútil. Que amable eres. Ahora te irás. Sí, te irás. Y cuando llegues a casa y te metas en tu cama, serás capaz de dormir como un bebé, incluso después de esto. Apreté los labios. Mis ojos estaban apagados y enrojecidos, pero Laura no lo sabía. Acerté de decirle: - Sólo es un chat. Y es lo único que me quita el sueño por las noches. Me hace compañía. - ¡Espera un momento!-, escribió. Sin embargo, la ventana se había cerrado ya. La conexión que unía dos vidas paralelas dejó paso a la fría soledad. Llegué a casa, y al meterme en cama, dormí como un bebé.
28/02/2004
 Me gusta dirigirme a las mujeres con suave y seductora voz, aprovechando que ellas son más débiles. Más débiles de cuerpo, más débiles de voluntad, más débiles de mente. Debilidad que en la mayoría de las ocasiones no es sino fortaleza y astucia. Cualidades por las que acabo siendo arrastrado. A veces fingen que le soy indiferente. Pero yo sé cuando la locura se apodera de ellas, y una bruma de sensaciones brotan en su cuerpo y en su mente. Me gusta saborear, cada noche, esa deliciosa sensación de plenitud que experimento cuando, estando en esa sala, ellas pierden la cabeza.
27/02/2004
 Ayer las calles del chat fueron escenario de un colorido y bullicioso desfile. Tenían hasta el atractivo turístico de una fiesta popular cualquiera. Muchas personas vestidas de trajes multicolores. Bailes incluídos y canciones de protesta. Canciones picarescas que representan cada uno de los barrios de esta aldea global. Desfiles individuales y de grupos. Cada cual buscando la esencia de la anhelada compañía. Degustando lo dulce unos, y lo amargo otros. Lo bonito unos y lo feo otros. Lo cómico, lo irónico, lo trágico unos y lo contrario los otros. Muchos encuentran compañía en esta sala abierta y agradecida. Y vuelven noche tras noche, día tras día, compartiendo charlas, silencios, noches de insomnio. Lo que les sirve para afrontar mejor su vida cotidiana con sus más y sus menos. Es para ellos un descanso, un respiro. A veces también cansa, y cansa mucho. Pero también llena a la vez. Eso es lo que hace que esta experiencia sea rara y hermosa al mismo tiempo. Asumo la debilidad y fragilidad de nosotros los que pasamos por esta sala, que podría ser cualquiera, cada noche.
26/02/2004
 El aire estaba impregnado del tentador aroma de ella. Tardé un instante en comprender que ella era sincera. Esta vez no vi chispas burlonas en sus ojos. Esta vez no vi ironía en su voz. Su maquillaje le daba un aire misterioso y femenino. Imaginé sus ojos profundos. Sus labios carnosos. Su boca pintada de rojo. - Eres demasiado agradecido con las mujeres, por eso se enamoran de ti. Y luego sólo te dan problemas. Sólo acerté a decir: -Lo tendré en cuenta, la próxima vez que conozca a una mujer le diré que es fea. Ella se echó a reír. Sostuve su risa con actitud coqueta. Y por una extraña razón sentí un nudo en la garganta. Su majestuosidad hizo que sintiese la necesidad de rodearla con mis brazos, de ofrecerle el apoyo de mi hombro. Pero no lo hice. Temí que mi gesto fuese interpretado de una manera equivocada. -¿Por qué eres tan infeliz, Hechicero? -No lo soy, me apresuré a responder. Pero ella supo que en mi respuesta sólo había una parte de verdad. La otra parte no era cierta. Ella, con una sonrisa en los labios, cerró la ventana, marcando las distancias. -¿Te veré mañana? -Quizá
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