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Castillos de arena

Castillos de arena

En verano, cuando aún era un niño me acercaba a aquella playa mediterránea. La arena era muy blanca y húmeda. Húmeda y cálida. Jugaba a hacer castillos en el aire.

Más tarde, en mi adolescencia, no dejé de acercarme allí. Dibujaba corazones en la arena, como si quisiese escribir mi destino en aquellas blancas páginas. Me planteaba, satisfecho y sin miedo, nuevas metas, nuevos horizontes en mi vida. Y soñaba. Soñaba con héroes y heroínas. Con hombres y mujeres fuera de lo común. Con el roce de los labios de ella.
Pero al regresar a casa, el agua ya había borrado todo vestigio de mi presencia sobre el manto blanco.

Los siete deseos

Los siete deseos

Un hombre joven trabaja en una empresa. Es repudiado por sus compañeros de trabajo. Discriminado por su forma de enfrentarse al mundo. Alegre hasta la saciedad con sus amigos, pero del mismo modo derrocha lágrimas cuando nadie le ve.
Inadaptado socialmente.

Una atractiva mujer se cruza en su camino y le propone siete deseos a cambio de su alma. Es el diablo que le ofrece el paraíso terrenal.
La lucha entre el bien y el mal.

Acostado en el sofá. La luz tenue. Un Jack Daniel´s sobre la mesilla. Bajo el volumen de la televisión en el mando. Es noche. Muy noche. Fuera de esa habitación, un hogar convertido en un infierno de silencio y soledad del que me es imposible escapar.

Deseo que me cuenten historias de hadas que salen por la noche en busca de príncipes azules; de seres misteriosos y fantásticos que cabalgan a lomos de caballos guerreros.

Deseo que la tentación de saborear un café bien hecho no empañe el pequeño placer de tomar este whisky añejo.

Levanto la mirada y la película ha terminado. Me río. Sí, si todos fuésemos geniales el mundo sería insoportable.

Picasso

Picasso

Vuelve a llover.
Miro un pequeño cuadro, imitación de un Picasso.
Y me pierdo en él.

En la sala, personas situadas a cientos o miles de kilómetros. A veces a años luz de distancia.

Almas vagando en silencio invadidas por la emoción y el misterio.
Y los que se atreven a la provocación.
También los vendedores de la nada.
Los infantilistas.

No me niegues que no es inquietante la oferta. En efecto, lo es.

Sigue lloviendo.
Sigo mirando el cuadro.
Y me pregunto dónde estará esa línea divisoria que separa lo ético, lo correcto, lo válido,... de lo que no lo es.

El kairos de ayer y hoy

El kairos de ayer y hoy

es esa flor la que no puedo tocar,
cubierta por espinas que me llevan a pensar,
tendré que atravesarlas o tan sólo esperar,
quizás no sea el momento tal vez no sea el lugar,
ya los sueños van y vienen y aunque sueñe algo vulgar
las ideas me trastocan y no paro de pensar.

si ella me dio esa caricia que tanto había buscado,
en el momento inoportuno y también inesperado
jugando esas cartas, las que yo no había marcado,
y aunque muchos no lo crean aún sigo enamorado.

y quedo atravesado entre la reina y la torre
y por más que yo no quiera ellas me llevan hasta el borde,
yo se a donde salto pero ellas donde van,
si el sol solo amanece tal vez solo he de quedar,
esos fueron platonismo con un rose muy carnal,
que a dios hoy le agradezco que ayer pude olvidar.

:: Posted by Matias Castro

Viento

Viento

"... palabras que soplan en el viento,
palabras fáciles de olvidar"

Los Rodríguez

Verbena de despropósitos

Verbena de despropósitos

Muchas noches entro y me embarco en algún monólogo lleno de despropósitos. Eso sí, con el único fin de arrancar de los que en ese momento están allí en la sala, risas, aplausos o enfados.

Me gusta degustar las diferentes demostraciones de todo tipo e impulsos de diversa índole que los provocados formulan sin contemplaciones amparados en el anonimato que les confiere la red, ante los a veces sí, otras no, lúcidos monólogos de Hechicero.

Son muchos los que, erre que erre, se empeñan en que su actuación caiga en la continuidad de su vida monótona, en su falta de vitalidad y pérdida de confianza en sí mismos. Así hemos acabado convirtiendo las salas de chat en verbenas mediocres de mal gusto.

Si eres tú, que me estas leyendo, uno de esos aficionados a estos nuevos medios de comunicación, una vez que hayas entrado, corre todo lo que puedas, haz piruetas hasta descalabrarte, se capaz de dialogar, proponer y escuchar, y, sobretodo, huye del tema universal. Ese al que llaman amor.

El despertador

El  despertador

Allí estaba yo, sin poder ocultar en mis ojos la certeza de que no vendrías.
Eres la luz que me ha guiado en los últimos meses. Me has hecho deslizar por tus curvas y he sentido en mi cuerpo emociones y sensaciones. Llegas de madrugada y te desnudas junto a mi. Caes en mis brazos desnuda. Y al día siguiente sigues tu camino. Tu mirada misteriosa puede volver loco a cualquier hombre, y sé que tu cuerpo conoce a la perfección el idioma del deseo y siento que tu piel brilla cuando yo estoy al otro lado del hilo. Nunca tuve una mujer como tú.

Los últimos pasajeros de ese vuelo han salido. Me gustaría salir corriendo para abrazarte. Siempre soñé con salir corriendo a tu encuentro. Cada día más intensamente. Quizá pensaste que hay palabras capaces de crear un círculo mágico donde caben los misterios, las esperanzas, todas esas cosas pequeñas que nos conforman. Quizá pensaste, por la presión de la realidad, de la verdad, que ese vuelo no era el tuyo. Me gustaría salir corriendo abrazarte, pero las escobas en las que viajo están deterioradas en esta época.

Y de repente una voz a mi espalda. Me doy media vuelta y me encuentro con una mujer y con una sonrisa. Y descubro que ya es primavera, y que aunque yo sigo con mi jersey de lana ya han llegado los primeros calores. Alterado por la perspectiva de que esa mujer ha llegado de un mundo virtual para convertirse en real, me encuentro con sus ojos y apenas logro articular un Hola...

El simple roce de mis labios en su piel despertó en mi el volcán que hasta ahora había estado oculto. Salimos fuera, en silencio. Allí, en el aparcamiento, cogimos el coche. Volabamos por la carretera hacia el hotel. Era noche. El camino discurria entre árboles y yo aceleraba al salir de las curvas. Sentía en mis piernas el efecto de los nervios. Y ese aroma embriagaba mis sentidos. Nunca encontré una mujer como tú, pensaba. Y si pudieses escuchar lo que corre por mi mente te darias cuenta de que uso un pretérito perfecto simple, porque no sé si tu luz un día desaparecerá y acabaré estrellandome en cualquier camino oscuro.

Y allí estaba el hotel.

Sonó el despertador. Eran las siete de la mañana. Miré a mi alrededor, pero ella no estaba. Sólo había sido eso, un sueño.

Sólo es un chat

Sólo es un chat

-¡Dios mio!-, exclamé rozando con mis dedos el teclado. Imaginando que esas teclas negras con letras blancas era su piel. La piel de Laura.

-Podrías haberme hecho daño. Tienes que entender algo tan sencillo como que la gente tiene sentimientos. ¡Maldita sea!, yo también tengo sentimientos.- dijo ella guardando unos instantes de silencio. Unos instantes que me parecieron eternos . Luego siguió:

-Me acaricias la cabeza y me alejas de tu vida como a una fémina inútil. Que amable eres. Ahora te irás. Sí, te irás. Y cuando llegues a casa y te metas en tu cama, serás capaz de dormir como un bebé, incluso después de esto.

Apreté los labios. Mis ojos estaban apagados y enrojecidos, pero Laura no lo sabía. Acerté de decirle:

- Sólo es un chat. Y es lo único que me quita el sueño por las noches. Me hace compañía.

- ¡Espera un momento!-, escribió. Sin embargo, la ventana se había cerrado ya. La conexión que unía dos vidas paralelas dejó paso a la fría soledad.

Llegué a casa, y al meterme en cama, dormí como un bebé.

Debilidad

Debilidad

Me gusta dirigirme a las mujeres con suave y seductora voz, aprovechando que ellas son más débiles. Más débiles de cuerpo, más débiles de voluntad, más débiles de mente.

Debilidad que en la mayoría de las ocasiones no es sino fortaleza y astucia. Cualidades por las que acabo siendo arrastrado.

A veces fingen que le soy indiferente. Pero yo sé cuando la locura se apodera de ellas, y una bruma de sensaciones brotan en su cuerpo y en su mente.

Me gusta saborear, cada noche, esa deliciosa sensación de plenitud que experimento cuando, estando en esa sala, ellas pierden la cabeza.

Los unos y los otros

Los unos y los otros

Ayer las calles del chat fueron escenario de un colorido y bullicioso desfile. Tenían hasta el atractivo turístico de una fiesta popular cualquiera.

Muchas personas vestidas de trajes multicolores. Bailes incluídos y canciones de protesta. Canciones picarescas que representan cada uno de los barrios de esta aldea global.

Desfiles individuales y de grupos. Cada cual buscando la esencia de la anhelada compañía.
Degustando lo dulce unos, y lo amargo otros. Lo bonito unos y lo feo otros. Lo cómico, lo irónico, lo trágico unos y lo contrario los otros.

Muchos encuentran compañía en esta sala abierta y agradecida. Y vuelven noche tras noche, día tras día, compartiendo charlas, silencios, noches de insomnio. Lo que les sirve para afrontar mejor su vida cotidiana con sus más y sus menos. Es para ellos un descanso, un respiro.

A veces también cansa, y cansa mucho. Pero también llena a la vez. Eso es lo que hace que esta experiencia sea rara y hermosa al mismo tiempo.

Asumo la debilidad y fragilidad de nosotros los que pasamos por esta sala, que podría ser cualquiera, cada noche.

Quizá

Quizá

El aire estaba impregnado del tentador aroma de ella.

Tardé un instante en comprender que ella era sincera. Esta vez no vi chispas burlonas en sus ojos. Esta vez no vi ironía en su voz. Su maquillaje le daba un aire misterioso y femenino. Imaginé sus ojos profundos. Sus labios carnosos. Su boca pintada de rojo.

- Eres demasiado agradecido con las mujeres, por eso se enamoran de ti. Y luego sólo te dan problemas.

Sólo acerté a decir:
-Lo tendré en cuenta, la próxima vez que conozca a una mujer le diré que es fea.

Ella se echó a reír. Sostuve su risa con actitud coqueta. Y por una extraña razón sentí un nudo en la garganta. Su majestuosidad hizo que sintiese la necesidad de rodearla con mis brazos, de ofrecerle el apoyo de mi hombro. Pero no lo hice. Temí que mi gesto fuese interpretado de una manera equivocada.

-¿Por qué eres tan infeliz, Hechicero?
-No lo soy, me apresuré a responder.

Pero ella supo que en mi respuesta sólo había una parte de verdad. La otra parte no era cierta.

Ella, con una sonrisa en los labios, cerró la ventana, marcando las distancias.

-¿Te veré mañana?
-Quizá