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Un día como hoy

Un día como hoy

Nació una estrella.

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¡See How Much I Love You!

Carta desde la tristeza

Carta desde la tristeza



A veces, uno sólo es capaz de escribir en lápiz, para que lo borren. A veces, todavía no te has levantado y ya estás cansado. A veces, llevas la bandera del corazón y del optimismo a media asta. A veces, sientes que tu pulso está de capa caída. A veces, te resulta difícil tirarte por una cuesta.

Es cuando estás triste, y la sonrisa de tu rostro es una mala mueca.

Es entonces cuando crees que la música del azar es muy traicionera. Y que sí, que esta vez te ha tocado a ti escucharla. Crees que el único cuadro colorista que eres capaz de pintar sería usando el negro. Crees que el optimismo es una secta a la que tú nunca pertenecerás.

Pero la esperanza surge en medio de la depresión. Esperanza que tiene nombre de mujer. Esperanza que como un destello de sol entiende mis señales de humo que no comprende nadie. Esperanza que, sin pedir nada a cambio, anima mi corazón día tras día con su alegría, con su amistad, con su amor, con nuestro amor. Te amo.

Tiranía encubierta

Tiranía encubierta


En la calle, un niño de unos siete años,

- Mamá me tienes que comprar el Siemens CF62, porque Juan lo tiene desde el mes pasado. Y se ríe de mí. A Borja se lo comprarán mañana. A ti te da igual que mis compañeros se rían de mí....

La madre, accede, diciéndole que sí, que se encargará más tarde de mirarlo.

Entro en una tienda con la esperanza de encontrar unos calcetines de aquellos gordos como los que hacía la abuela. En el mostrador, una señora de mediana edad, intenta convencer al, imagino nieto, que la única diferencia entre aquellos vaqueros es que uno se llama Levi’s y su precio es de 75 €, y el otro Lobi’s y cuesta una tercera parte, ante la compasiva mirada de la dependienta, una rubia con una sonrisa de cine. El niño afirma el parentesco con la señora,

- Abuela, que los que quiero son éstos.

No se hable más. Lo ha dejado bien claro.

Con los calcetines metidos en una bolsa ecológica, que no sé si por serlo, no aguanta casi el peso de la prenda, me dirijo a casa no sin antes pasar por la asesoría, en la que he de firmar un contrato basura.

- Le atendemos en un momentito. Por favor, pase a la sala de espera. Me siento en un cómodo sofá. Sólo estoy yo. Enfrente una auxiliar administrativa atiende a un señor y a su hija. Él se esfuerza por explicarle a la profesional un tema, deduzco delicado, en torno a su economía, mientras que la niña reclama la atención inmediata, para en un momento dado decirle,

- Mira que eres idiota papá-, con la consiguiente risa del progenitor y de la administrativa.

En la educación, como en una buena cena, tenemos dos opciones, conseguir los ingredientes más apropiados, prepararlos, cocinarlos y servirnos; ó bajar al restaurante más próximo y que nos la den ya servida.

Etiquetas

Etiquetas


Me gustan las mujeres peligrosas, cuanto más peligrosas mejor. Vestirme de colores intensos. Llevar la iniciativa y que sean ellas las que caigan en la trampa. Las que supliquen quedarse en esa placentera trampa. Me atrae el misterio, pero no creo en los cuentos con final feliz, porque las perdices tienen más hueso que carne. No me gustan los sueños, ni engañarme con fantasías, ni depender de una mujer.

Por vestirme de depredador, por combinar colores, por no seguir los senderos comunes que todos siguen me he ganado un montón de etiquetas. Y todas, absolutamente todas las etiquetas, son injustas. Las buenas también.

Idolos de cartón papel

De una foto suya hice un póster que he colgado en mi habitación; el teléfono móvil está animado por un video suyo. En el ordenador ocupa el lugar privilegiado del escritorio. Y no es un clásico de Shakespeare.

Poco a poco se ha convertido en una especie de ídolo, de Dios menor. Resulta sorprendente que mi vida haya girado en torno a un gato.

Un minuto para la reflexión.

Una mirada

Caminaba por una calle gris y solitaria , sobre la que se extendía la noche con su oscuridad y sus sombras. Caminaba con el cuello del abrigo largo levantado tratando únicamente de ausentarme de mí mismo.

En ese caminar me sobresaltó el sonido de unos pasos que parecían los míos pero no, no lo eran. Nuestras miradas se entrelazaron por unos instantes.

Era ella. Ella, cuya mirada, cuya sonrisa se adueñó de mi alma. Ella a la que descubrí a la luz de luna y cuyos paseos a su lado se convertirían en habituales. Ella, con su cabello denso y suelto, con sus curvas marcando las caderas. Ella, cuyos labios rozaban los míos y yo recorría con mi dedo los suyos dibujando su forma. Ella, a la que besaba sus párpados, primero uno, luego el otro. Ella, cuya dulzura en su modo de hablar lograban borrar mis lágrimas. Ella.

Vinculados por un sentimiento cómplice, complicado, que en cierta manera nos atormenta. Aterrorizados por ese sentimiento que ha nacido en el tiempo. Unidos por nuestras miradas, por nuestros sueños, por nuestras palabras, por nuestros besos y fundidos en un abrazo del que no podemos escapar.

Me sobresalté por unos pasos que días más tarde sabría que eran los de Sofía. Fue un instante, apenas unos segundos, en los que una mirada uniría dos vidas.

Contaba mi abuelo...

Contaba mi abuelo...


Contaba mi abuelo que aliviaba el dolor y el sufrimiento acudiendo religiosamente a cierta tasca cada vez que tenía algunas monedas en el bolsillo. Eso sí, decía a su mujer que iba a casa de su hermano a jugar la partida. Y la partida se alargaba toda la noche y tomaba aroma a buen vino.

Contaba mi abuelo que la carne es débil y las noches tentadoras para negarle alguna que otra alegría al cuerpo. Pero no todos los días, -en este caso noches-, se puede hacer tonto al que tiene fe. Por eso ella dejó unas monedas en el bolsillo de su pantalón, el de él, envueltas como era costumbre en la época en un pañuelo de tela. Por eso él, ni corto ni perezoso, que por algo era un tipo echado para adelante, seducido por las monedas, se disfrazó de caridad y se dirigió como ferviente devoto a su santuario particular.

Contaba mi abuelo que aquella noche ella lo siguió. Que en lo mejor de la partida y del trago se presentó allí armada con una estaca de roble del país. Que le habló de lealtad y le frustró la copa y la partida.

Contaba mi abuelo que sus amigos le recomendaron cambiar de tasca. ¿Y si se presentaba ella allí de nuevo?. Entonces la solución pasaba por cambiar de mujer. Contaba que él dejó de salir por las noches y que llevaba en silencio, con amargura y resignación su nueva vida.

Sin saber del todo cierto si el final fue cierto o no, creo que todos nosotros somos dos personas. Una, la que carga con la vida sana y coherente de la pareja. La otra, la que aprovecha cualquier resquicio para apartarnos de la primera ruta.

Recuerdos de la niñez

Recuerdos de la niñez


Encendí una cerilla e inhalé ese olor a fósforo que desprende. Lo hice, porque un día más el sistema electrónico de encendido del calentador de casa había dejado de funcionar.

Tal vez fue ese olor el que me abrió la puerta de los recuerdos de la niñez. Esos ojos que se encendían y tomaban vida propia cuando se me ocurría alguna travesura; y, la de los fósforos, una pequeña broma que casi cuesta el incendio de toda una vivienda, porque los niños quieren saber y experimentar por sí mismos; los ladridos del perro, provocados probablemente por la sensación de pánico al ver arder uno de los sofás de la sala; las voces lejanas y poco cariñosas de los familiares.

Pero fue después de apagar ese fósforo cuando me di cuenta de la imprecisión de los recuerdos, con hechos que se mezclan y en los que se confunden el antes y el después. Son los recuerdos de la niñez.

Niños adultos

Niños adultos


Un bullicio espectacular envuelve el ambiente festivo de feria. Unos van. Otros vienen. Algunos compran. La mayoría pasea.

Un chico joven, de ojos profundos y tristes, muy tristes, reclama mi atención.

- Señor, ¿me puede dar algo?

Apenas nos cruzamos las miradas. Sigo mi camino. A cinco metros me detengo a comprar un pequeño y caro capricho de madera. A mis espaldas suena la misma frase dicha por el mismo chico joven de ojos profundos. Acierto a poner una moneda en su mano. Y antes de que nuestras miradas se reencuentren me sorprende con una afirmación contundente sacada de cualquiera, quizá esta misma mañana.

- Hay gente que gana incluso cuando pierde.

Personajes: Coleccionista de momentos

Personajes: Coleccionista de momentos

- Ha vuelto.
- Lo vio María ayer. Me contó cómo entró en la sala. Y cómo percibió su sonrisa inevitable cuando lo saludaron.
- Se vistió con su traje de estrellas y seguro que antes había estado mirándose al espejo y acicalándose con polvos de brillantina para parecer más hermoso.

Había regresado envuelto en un manto de silencio. Peregrinaba de nuevo por allí en busca de palabras. Palabras que encerraban sentimientos. Palabras que se clavaban como alfileres en el corazón, en el suyo o en el de otro, provocando una visión en él: la de tener una vida intensa.

Llegó y después de unos primeros instantes de incertidumbre, y habiendo recuperado la confianza en sus artes, apartó sus ojos lentamente de la pantalla para grabar esa nueva sensación que le producía el estar allí. Lo hacía para guardar aquel momento entre los otros muchos de sus recuerdos. Coleccionaba momentos.

Volvió y seguía robando voluntades ajenas, sentimientos, besos. No había dejado de ser ese vampiro capaz de robar un mundo de sensaciones que no le pertenecían haciéndolas suyas, haciéndolas reales por unos instantes. Sólo unos instantes. Era su diversión. El escape a la rutina cotidiana.

Todavía no sabe que la noche silenciosa y bella puede tornarse en un peligroso territorio lleno de fieras y de horror. No sabe del peligro que supone quedarse eternamente preso de un juego de ilusiones en un laberinto en el que se esconde su corazón.

Pero ahora estaba allí, entre la multitud. La diversión continúa.

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Comprando cartones de besos sólo para ti

Comprando cartones de besos sólo para ti

Yo te miro desde lejos para admirarte mejor,
para escuchar lo que dices y saber que no hay mentiras,
para sentir que quererte no es ninguna obligación
y que te guardo los besos aunque tú no me los pidas.

Yo te quiero desde lejos para que no te me gastes,
para poder esperarte cuando todos se han marchado,
para sentir que no hay nada de comodidad o chantaje
y que aún todo está limpio y nada huele ha guardado.

Te quiero y te miro desde lejos para que no creas que voy a pedirte la mano o cualquier otra cosa...

Yo no quiero papeles o fotos que poner en marcos,
ni pegarte cada día el beso de la hipocresía,
yo no quiero promesas ni flores que corten el llanto,
yo no quiero sentir que son una tu vida y la mía..

Yo no quiero perder mi vida o ganar la tuya, cambiémonos tan sólo unos instantes de ellas..

Y aquí estoy divorciada de la cortesía,
esperando a que llueva locura y te encuentre mojado
porque no me resigno vestirnos de monotonía
o a pensar que el olvido es la causa porque no has llamado.

Es tu voz lo que me hace olvidar lo que dices que dices
y me gusta escuchar que apareces aunque tengas prisa
y quizás es verdad que soy todo lo que no persigues
pero me haces un hueco y me arropas con cada sonrisa.

By Hada

Cuatro de septiembre

Cuatro de septiembre

Cuatro de septiembre.

Sócrates se suicidó con cicuta. Posiblemente no era un cuatro de septiembre.

La cuestión no es nueva. No lo es el defender los propios intereses así. Así de una forma agresiva.

Cansado de darle vueltas al asunto durante varios meses, cuatro o cinco, tiré dos dados al azar. Tres tiradas y un sólo número que me salvaría de la caída al vacío desde un quinto piso. Tres tiradas y el cuatro no apareció hasta que los había lanzado sesenta y cinco veces.

Mientras sonaba un viejo bolero de Machín,

Aunque la virgen sea blanca
pintame angelitos negros
que también se van al cielo
todos los negritos buenos

pensaba que no era mi mejor momento. Pensé en el dolor que tendrían que sufrir las familias; un desaire el hacerles cambiar sus hábitos diarios. Aún así, después de decidir cuál era la ropa más apropiada, me vestí de domingo y sin acabar de oír las últimas estrofas caminé hacia aquella ventana.

Siempre que pintas iglesias
pintas angelitos bellos
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.


Era cuatro de septiembre. Han pasado once años.

Lo que me detuvo: el miedo a las alturas.

... un lugar que no es el mio.

Gracias a todos aquellos que habéis pasado por aquí.

En busca de la felicidad

En busca de la felicidad


Hoy me he sumergido en las frías aguas Atlánticas. Protegido por el oleaje, escondido debajo de su manto, me hubiese gustado quedarme allí escondido. En su seno me he sentido relajado. Relajado de mis pesares por las caricias de una espuma de burbujas que conseguía que mi cuerpo se desvaneciese respondiendo a ese agua que se aferraba a mi piel. Sintiendo. Sintiendo sensaciones únicas, mágicas.

Lejos de tener temor, me sentía seguro, confiado. Mi mente navegaba por un mundo irreal. Un mundo donde era aceptado. Un mundo donde los tiburones me trataban con cariño. Un mundo donde quedaban fuera las intromisiones intolerables de los peces parásitos. En él no estaba Mónica ni su mirada de reproche cada vez que me levanto de la silla para acercarme a la ventana, y por un momento, descansar mi mente con ese paisaje gris urbano. En él no estaba Clara ni sus chismorreos junto a la máquina de bocadillos. Ni Lorenzo con esos chistes verdes que tanto le divierten. Ni la jefa, ni su chulería.

Pero todo se acaba. Todo. Y tuve que salir al exterior. Y volver a ser el mismo. El mismo especialista en sonrisas fáciles, en depresiones compulsivas, en ser un intruso en un mundo que no es el mio.

Caer derrotada en tu boca me gusta..por eso mi amor no te quiero perder..

Caer derrotada en tu boca me gusta..por eso mi amor no te quiero perder..

Vivir sin ti, debe de ser
como observar un cuadro perfecto
y obtener solo rabia de no ser
parte de la acuarela o del lienzo

Vivir sin ti, debe de ser
como si este mundo fuera
un paisaje sin hacer,
como una canción sin letras
un beso dejado a deber

Vivir sin ti...

Vivir sin ti, debe de ser
la espera antigua de algún tren
un deseo de alquiler
o un olvido sin recuerdo,
como un llanto sin bebé
o una princesa sin cuento

Vivir sin ti, debe de ser
como acostarse sin sueño
tan absurdo como el mar
si no tuviera encima el cielo
vivir sin ti, es un pecado
vida de sol apagado
frase que llegaría a ser
burdo vocabulario

Vivir sin ti ...

No quiero vivir sin ti,
ya estoy presa sin remedio
oye esto de mi boca
ansío este cautiverio

No quiero vivir sin ti,
has dado viento a mis brazos
clima a mi corazón
motor y rumbo a mi espacio...

Enviado por Hada.

Detrás del velo de tu puerta

Detrás del velo de tu puerta


Podría estar comiendo en cualquier robledal a la sombra de sus hojas. Podría estar en cualquiera de las muchas romerías que hoy tienen lugar. O darme un baño en la playa, o en uno de los muchos ríos que surcan esta tierra de brujos y de brujas. Podría estar haciendo algún deporte. O montando a caballo. O disfrutando de los sonidos del campo, que en esta época son muchos y sorprendentes.

Hoy, en mi búsqueda de esa paz que anhelo, de ese silencio para sentirme cómodo, me quede en mi habitación, viendo pasar en silencio las horas. Dibujando en mi mente siluetas rojas, azules, con formas y sin ellas. Concentrado en definirlas, en recrear sus movimientos, en jugar con ellas.

Me descubrí haciendo de la puerta de mi habitación un velo semitransparente de seda. Y detrás de él te vi a ti. Vi las líneas de tu cuerpo moverse al compás de una música de violines y alguna que otra trompeta. Hipnotizado por tus movimientos quise mecerme en las olas de la locura. Quise beber la pócima que me haría traspasar el umbral. Que me fundiría en ese mundo de sombras, de oscuridad, de dioses o bestias. En el paraíso de la quietud, o en la esclavitud del desasosiego.

Conseguí abrir la puerta, correr el velo, el velo semitransparente. No había nadie.

Sólo era un hermoso juego de formas; de imágenes; de baile sensual, que la silueta mágica y misteriosa de tu cuerpo, tejía para mí, acariciando mis sentidos a la espera que abandonase mi cuerpo para siempre.

Noche de amor y muerte...

Noche de amor y muerte...

El cielo estaba tornado de un color crispado creando un ambiente melancólico, el viento soplaba las viejas hojas marchitas, la noche esperaba a los amantes.

Hada.
(re-lee una carta)
Y cuando piensas que caerás
allí estaré yo para abrazarte

Si yo pudiera expresar esas palabras
aquellas que se ocultan en mi corazón
el sol se posaría en mis labios
y podría ver una tarde en flor...

Hechicero
(aparece detrás de su amada)
Si yo te tuviera a mi lado
aunque sea por una ocasión,
no osaría ni un momento
en alejarme de ti...

Hada.
Bien sabes que mi corazón está muerto,
destinado a la desdicha,
a la desolación.
Viviré como un alma en pena
cantandole a los muertos,
a los infelices sin amor,
a las estrellas y a los ángeles;
para que me tengan compación.

Hechicero
Pero tú no necesitas compación.
Sólo debes expresar tu amor,
ese que calla y se esconde
por el temor a mi corazón.

Hada.
Bellas palabras me dices y verdades también,
pero ya es hora de que te marches,
he venido a prevenirte;
la muerte sigue tus pasos
¡Maldita sombra negra! ¡Carroñera de amor!
Aunque somos almas inocentes
no tendrá piedad hacia ti.
Huye antes de que llegue,
yo no podría resistir tu pérdida.

Hechicero
Cada palabra que dices
me apuñala el corazón
jugando con mis sentimientos
desmoronando nuestro amor
¡Basta de quejas y lamentos,
basta de escupir en mi corazón!
¡Que la muerte venga y me lleve,
que el cielo se tiña de negro,
que los lobos lloren mi llanto,
que la noche cubra mi cuerpo!

Hada.
¡¿Qué corazón maligno tienes?!
¡¿Qué espíritu infame te poseyó?!
¡¿Cómo puedes herirme con tal repudio?!
¡Yo que oculto mi mirada para que no me desees,
te niego mi cuerpo para que no me poseas,
callo ante tí para que no me ames!
Prefiero que te marches sin mi amor
aunque yo muera de pena.

Hechicero
¿Y piensas que podré soportarlo?...
¡Yo que veo tu mirada en el claro de la luna,
que sueño tocar tu cuerpo en las vespertinas y en las noches,
que ansío escuchar tu dulce voz!

Hada.
Siempre supe que nuestro amor,
sería nuestra perdición.

Hechicero
Entonces concédeme un último deseo,
y prometo que te diré adiós.

Hada.
Todo sea por tu vida, todo sea por tu adiós.

Hechicero
Un beso te lo pido...
El sentir de tus labios...

Hada.
Tu deseo es imposible.

Hechicero
¿Hasta eso me niegas? ¿Qué amor tienes en mí?

Hada.
Si yo te besara...,
moriría en tus labios.
¿Acaso no puede haber
una muerte mas cruel?

Hechicero
¿Una muerte mas cruel?
¡Mira lo que soy!
¡Agonizo,
me desangro,
blasfemo a la vida,
todo por este amor!
El amor que no tengo...

Hada.
No te marcharás sin mí ¿Verdad?

Hechicero
Si a través del aire pudiera amarte
o a través de las flores descubrir tu aroma
no estaría aquí, frente a tí

Hada.
Perdamosnos en el bosque,
escapemos de este día,
traspasemos los lagos,
escondamosnos en los abedules,
construyamos una nueva vida.

(silencio)

Hechicero
Ya es demasiado tarde amor,
la muerte ha llegado.
Ahora no podrás negarme un beso...

Hada.
(sonríe con los ojos húmedos)
Y cuando piensas que caerás...

Hechicero
...allí estaré yo para abrazarte.
En espera de que el destino me ponga de nuevo en tu vida.

Enviado por Erika

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¿Por qué callas?

¿Por qué callas?

Estoy inmovilizada en el umbral de tu nombre
Reminiscencia tuyas que es solo eufonía y desazón
Y te busco en un país de recorrido perplejo
Háblame si reconoces mi silencio.

Puedo ir andando después de muerta
Y perderme entre los más lóbregos escondrijos
Lloriqueando a risotadas
Pero andar esa penumbra tuya de trazos inconclusos.
No
permite
ansiedades.

¿Por qué callas?

Erika

El color lo pones tú

El color lo pones tú

Hoy me duele el alma. Cuando me duele el alma suelo mirar fotografías. Fotografías en blanco y negro. Fotografías antiguas. Algunas rotas; maltratadas por el paso de los años. Y otras color sepia. Ese sepia que invita a soñar. Soñar con bajar al fondo del mar ó subir a la cima más alta de una montaña. Soñar con estar fuera de esta agonía que invade mi ser.

Soñar con esa vida brillante de otro tiempo. Con esos amigos variopintos, que juntos, formabamos el club de los intelectuales incomprendidos, o de los cómicos de chaqueta zurcida, o de los adolescentes en busca de sexo fácil, o de los toreros que anhelaban una plaza con una atmosfera festiva y tensa que invitase a respirar con sus olés.

Fotos que esconden sonrisas o lágrimas, sueños o tragedias, que susurran palabras tiernas o ariscas, que muestran paraisos, universos compartidos, tropiezos y rutinas, suspiros y escalofríos.

Pinceladas llenas de insospechados matices que han pasado por sus manos y por las de él y han llegado a las mías. Y ahora reposan en el libro de los recuerdos y las añoranzas. Y a veces, como ahora, me sirven de consuelo. Consuelo a esa noche larga que cubre con su manto negro mis lágrimas en la almohada.

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